¿El deporte inclusivo: mito o realidad?


Dra. Carmen Ocete, experta en deporte inclusivo de DOWN ESPAÑA

Nos encontramos en un cambio de época. Los valores, las profesiones, las formas de trabajar, de interactuar, hasta los espacios y los tiempos se están re-definiendo. Sin embargo, la práctica deportiva sigue siendo un pilar fundamental símbolo de salud y bienestar, si cabe, con más fuerza que nunca. No se puede negar que la actividad física y el deporte son, a día de hoy, un componente fundamental de la calidad de vida de las sociedades modernas (Pérez-Tejero y Ocete, 2018). Al derecho reconocido por Naciones Unidas (2018) de garantizar la igualdad de acceso de las personas con discapacidad para participar en juegos, actividades de recreación y deportes, debemos sumarle los múltiples beneficios asociados. Sin embargo, no toda la población tiene igualdad de acceso y en el caso concreto de las personas con discapacidad sigue, siendo deficitaria.

Con el objetivo de hacer el deporte más accesible un escenario cada vez más habitual es la inclusión en contextos generales de práctica deportiva. Aunque la práctica inclusiva brinda a las personas con discapacidad la oportunidad de desarrollar y mejorar sus habilidades y destrezas motrices y cognitivas, su importancia no radica únicamente en el aprendizaje deportivo, sino en la significatividad a nivel social (Wickman, Nordlund, y Holm, 2018). Por tanto, se considera clave para completar el proceso de inclusión social de personas con discapacidad.

Los últimos años, el concepto deporte inclusivo ha suscitado interés y controversia a partes iguales. En ocasiones, parece que el discurso se centra en discernir si es mejor uno u otro. Error habitual derivado de la confusión terminológica, y por qué no decirlo, ideológica. El deporte inclusivo no surge para sustituir al adaptado, surge como una herramienta que posibilita otra opción de práctica deportiva para las personas con discapacidad. El deporte inclusivo es una actitud ante la discapacidad. Es una declaración de intenciones por parte de los agentes implicados. No podemos confundir el fin último, que no es el deporte inclusivo, sino que niños y niñas con discapacidad tengan igualdad de oportunidades y opciones de elegir. Esto significa que tienen que poder participar de manera activa y real en cualquier modalidad deportiva, hacerlo con su grupo de pares, en su barrio y al nivel máximo que le permitan sus capacidades. Es decir, hacer uso de sus derechos a través de la libertad de elección.

Sin embargo, esta participación no está exenta de barreras como la falta de programas de actividad física y deporte (siendo una de las principales), actitudes, dificultades en la accesibilidad, falta de formación específica por parte de los profesionales, inseguridad por parte de las familias, recursos materiales escasos y/o caros, escasas evidencias científicas que justifiquen las intervenciones y sus diseños, y escasos apoyos en las estructuras e instituciones.

En relación a esta última, a nivel nacional, muchas han sido las instituciones que han dado un paso adelante y han liderado acciones y estrategias específicas con el fin de hacer la inclusión de personas con discapacidad en el deporte una realidad. Un hito histórico fue que el Consejo Superior de Deportes decretara en el año 2018 un Acontecimiento de excepcional interés público-Deporte Inclusivo, constituyese una mesa de Deporte Inclusivo con expertos para el diseño de la Hoja de ruta de estos procesos de inclusión o se convocasen los primeros Campeonatos en Edad Escolar (CESA) con la modalidad inclusiva. Otras instituciones como la Federación Española de Rugby ha diseñado un Plan Nacional de Rugby inclusivo para personas con discapacidad intelectual; la Federación Española de Bádminton liderando a nivel europeo el proyecto “Bádminton for all” donde entre otros se centra en la formación de técnicos deportivos y facilita recursos: o Fundación Sanitas que además de constituir la “Catedra de Estudios sobre Deporte Inclusivo”, promueve desde el 2010 la “Alianza Estratégica por el deporte inclusivo” firmada por más de 30 instituciones nacionales. Estos ejemplos, no son soluciones, sino estrategias que activan el proceso y promueven el cambio.

No podemos obviar que este proceso requiere de tiempo y que no existen unas claves de éxito. No se pueden estandarizar los procesos porque ni todos los deportes son iguales, ni todas las personas presentamos las mismas características. De lo que sí estamos seguros es que la verdadera transformación social, vendrá derivada de estrategias que emergen de la filosofía del deporte inclusivo y están fundamentadas en ejemplos de buenas prácticas: cambios en la legislación vigente, generación de contextos de práctica deportiva inclusiva en clubes convencionales, promoción y fomento de la práctica deportiva inclusiva por parte de personas con discapacidad, entidades, clubes deportivos y familias, facilitar información y formación de todos los agentes implicados y el asesoramiento a las estructuras deportivas. Solo así podremos de establecer una base sólida y real que atienda las necesidades de las personas.

 


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