Formación: una parada obligatoria en el camino hacia la inclusión laboral


 Pedro Martínez, asesor de Empleo de DOWN ESPAÑA y gerente de FUNDOWN

Una de las premisas para que las personas con síndrome de Down consigan una verdadera inclusión en la sociedad pasa por conseguir un puesto de trabajo, un empleo que garantice unos ingresos que les permitan vivir de manera autónoma, utilizando los apoyos que cada una necesite, a la vez que se produce  un desarrollo personal y social por el hecho de sentirse parte activa de la comunidad a través del empleo.

Pero para llegar a obtener un empleo el itinerario es largo y no exento de dificultades. Con lo  primero que hay que contar es con  un entorno convencido de que la opción de conseguir un trabajo y dedicar el esfuerzo necesario para ello merece la pena. Sin este apoyo familiar las posibilidades de éxito disminuyen hasta un número muy cercano al cero y es por ello que dicho apoyo resulta imprescindible para lograr nuestra meta.

Otro de los factores necesarios es contar con la motivación y las ganas de la persona con síndrome de Down, pues sin ellas tampoco tendremos muchas garantías de éxito. Y por último también es importante  el poder adquirir la formación necesaria para poder optar a un puesto de trabajo, una formación que bajo mi criterio se dividiría en dos grandes bloques:

El primero seria la Formación en Habilidades Básicas, que consisten en un grupo de herramientas que una vez adquiridas permite al trabajador mantener el puesto de trabajo,  pues sabe manejarse en las relaciones socio-laborales que son imprescindibles para interactuar en cualquier entorno social o laboral.

Estas Habilidades Básicas son, entre otras,  la autonomía urbana, higiene personal, manejo del dinero, respetar horarios… es decir,  un conjunto de habilidades que nos permiten poder sociabilizarnos sin dificultad,  y que la mayoría de las personas adquieren de manera natural sin tener que realizar ningún “curso” para ello,  pero que las personas con discapacidad intelectual a veces necesitan que se les forme para poder adquirirlas.

En este primer bloque las entidades sociales que trabajamos con las personas con discapacidad intelectual tenemos la responsabilidad de impartirlas a quienes las necesitan, con el hándicap añadido que  los temarios de estas formaciones no suelen abundar pues no se imparten para la población en general y en la mayoría de las ocasiones tendrán que crearlos ellas mismas,  toda vez que después habrá que realizar las adaptaciones personalizadas para cada persona.

El otro gran bloque de formación, que es el que quiero hacer más hincapié, es la Formación Profesional, que es la formación que permite adquirir los conocimientos necesarios para poder realizar una actividad laboral, actividad que puede ser de distintas ramas profesionales y en distintos sectores como los servicios, la industria o el comercio.

Esta formación la podemos a su vez impartir bien directamente desde las Entidades Sociales o bien en entidades especializadas en formación profesional ocupacional, pero lo importante no es tanto quien la imparta, sino que concurran dos factores principales cuando se haga:

El primero es que se tenga posibilidad de adaptar los temarios y se cuente con los profesionales adecuados para impartirlas, que a mi juicio son dos perfiles diferentes pero complementarios: uno el profesional de la materia ( el carpintero en un curso de carpintería) y otro especialista en adaptaciones para personas con discapacidad intelectual que sepa como transmitir esos conocimientos a nuestros alumnos, de manera que garanticemos la receptividad de la formación por su parte.

El segundo factor clave es la procedencia del curso, independientemente de que organismo o entidad lo imparta, pues lo ideal es que sea un curso formativo que o bien se pueda titular a su término o bien sirva como módulo para obtener una titulación oficial, pues esa titulación le permitirá a la persona que la reciba acreditar oficialmente que ha recibido una formación y está preparada para trabajar.

En la actualidad tanto las Administraciones Públicas como diferentes entidades que apoyan en lo social ( Fundación ONCE, Fundación La Caixa…) han invertido recursos en esta formación, pues son conocedores de su importancia para la empleabilidad de las personas con discapacidad o en riesgo de exclusión social, y esta situación debe de ser aprovechada por las entidades que conformamos Down España para intentar formar a cuantas personas con síndrome de Down u otras discapacidades intelectuales lo requieran con el fin de prepararlas para el empleo.

En definitiva, podemos concluir que la formación es un pilar básico donde se asientan las expectativas de conseguir un empleo y es por ello que debemos de centrar nuestros esfuerzos en impartirla, ya que  solo con personas formadas tendremos ocasión de que las empresas les ofrezcan una oportunidad laboral que les permita demostrar que todo el esfuerzo que han realizado hasta estar listos para trabajar haya merecido la pena.

 

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